30 de agosto de 2008
2 poemas de Wong
25 de agosto de 2008
de Joseph Conrad
11 de agosto de 2008
artículo "¿Está Internet volviéndonos locos?"
“Antes era un buceador en el mar de las palabras. Ahora sobrevuelo la superficie como en un Jet Ski”. Quien escribe es Nicholas Carr, ex director de la Harvard Bussiness Review, en The Atlantic Monthly, una de las revistas más leídas por la élite progresista estadounidense. Provocativamente titulado “¿Está Google volviéndonos tontos?”, sus reflexiones han dado mucho de que hablar.
“Tengo la sensación –dice Carr– de que internet está entumeciendo mi capacidad de concentración y de observación. Mi mente se está acostumbrando a recoger información tal y como la distribuye la red: un flujo de minúsculas partículas que se mueven a gran velocidad”.
El temor de Carr no se refiere a los contenidos de la web. Va más allá. Su preocupación reside en que ésta puede estar dañando nuestros mecanismos mentales. Le inquieta el modo de leer propio del internauta, la manera y los criterios de seleccionar, de memorizar y, más aún, el efecto demoledor que podría tener sobre la capacidad de concentración.
“Antes yo no pensaba como pensaba, pero sentía que mi conocimiento se fortalecía al leer. Sumergirme en un libro o en un artículo de fondo resultaba fácil. Mi mente podía seguir la narración o los giros del argumento, y podía gastar horas recorriendo los vericuetos de la prosa”. Así recuerda Carr los felices tiempos anteriores a la glaciación de internet.
“Aquello me resulta cada vez más extraño. Ahora mi concentración comienza a dispersarse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar cosas que hacer”.
La lectura pierde parte de su sereno encanto: “Siento que mi cerebro va a la deriva, que tengo que arrastrarlo para que vuelva al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en una lucha”.
El autor no pretende encender alarmas gratuitas e incendiarias, sino alertar sobre una dolencia que reclama soluciones. Sostiene que se trata de algo generalizado y, de hecho, se apoya en entrevistas a otros intelectuales internautas que comparten su turbación ante el fenómeno.
Así, Bruce Friedman, editor de un blog especializado en medicina, dice que también él ha notado cómo internet está alterando sus hábitos mentales: “Tengo ahora casi totalmente perdida la capacidad de leer y asimilar un artículo largo en la web o en forma impresa”.
Carr recoge el relato personal de este patólogo de la Michigan Medical School, quien afirmaba también que ahora es capaz de escanear breves pasajes de texto en múltiples fuentes de internet, pero “ya no puedo leer Guerra y paz (…). He perdido la capacidad de hacerlo –admitía Friedman–. Incluso una entrada en el blog, de más de tres o cuatro párrafos, es demasiado para asimilarlo”.
Base científica
Carr reconoce que no hay una base científica sólida en la que apoyar sus afirmaciones, que sólo pretende describir sus sensaciones y expresar sus miedos. No obstante, alude a algunos estudios, como el realizado por académicos de la University College London.
Como parte de un programa de cinco años de investigación, los investigadores examinaron el comportamiento de los visitantes a dos populares sitios de investigación: la British Library y otra biblioteca virtual auspiciada por el Ministerio de Educación británico. Ambos ofrecen acceso on line a artículos de revistas, libros electrónicos, etcétera.
Según explica el autor, “descubrieron que las personas que utilizan los sitios exhiben una forma de actividad superficial, saltando de una fuente a otra, y que rara vez regresan a una fuente ya visitada”. Los usuarios no solían leer más de una o dos páginas de un artículo o un libro antes de “rebotar” a otro sitio.
Nicholas Carr cita también las opiniones de Maryanne Wolf, psicóloga de la Tufts University de Boston. A Wolf le preocupa que el estilo de lectura promovido por la red, pone la eficiencia y la inmediatez por encima de todo. “Esto puede debilitar nuestra capacidad para el tipo de lectura profunda que surgió con la tecnología anterior, la imprenta”.
Para Wolf, lo que está en peligro es nuestra capacidad de abstracción, nuestra capacidad para interpretar el texto, para ejercitar las valiosas conexiones mentales que trabajan cuando leemos profundamente y sin distracción.
Adaptación tecnológica
Pero no todo son valoraciones pesimistas en el artículo del Atlantic. De hecho, anima a los lectores a ser “escépticos de su escepticismo”. Carr fundamenta en la opinión de otros expertos que la enorme plasticidad del cerebro puede llevar a que éste se conforme de manera adecuada a las características de un nuevo modo de leer que conlleva el uso de las nuevas tecnologías. En esta línea, se refiere a cómo algunos medios escritos se contagian de la lógica de lectura on line y fundamentan sus estrategias en estos nuevos modos de leer.
“En marzo de este año, The New York Times decidió dedicar la segunda y tercera páginas de cada edición a unos breves resúmenes de sus artículos de interior. El ejecutor de este rediseño, Tom Bodkin, explicó que esos ‘atajos’ darían a los lectores una rápida ‘degustación’ de las noticias del día, ahorrándoles el ‘menos eficiente’ método de hojear las páginas”.
La opinión expresada por Carr en el Atlantic ha recibido importantes apoyos en el mundo intelectual. Por ejemplo, el Pullitzer, Leonard Pitts, escribía recientemente en el Miami Herald que “al leer el artículo he descubierto que no soy sólo yo quien está perdiendo el hábito de la lectura. A menudo logro sólo digerir textos en pequeños bloques. Comienzo un texto de más páginas y enseguida me asalta un deseo irrefrenable de echar un vistazo a mi correo electrónico. Es todo así de disperso”.
Pitts contaba un expresivo testimonio al respecto: “Hace unos días me pidieron que reseñara un libro. Tenía poquísimo tiempo para leerlo. Ha sido una fatiga tremenda, pero me impuse permanecer durante horas sentado en una silla incomodísima. Lo he conseguido, pero al final tenía una sensación de vacío, de culpa por haberme alejado por tanto tiempo del mundo”.
Soneto de Lope de Vega
Desmayarse, atreverse, estar furioso
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.
No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde,
altivo, enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.
Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar al daño.
Creer que el cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es AMOR, quien lo probó lo sabe.
Félix Lope de Vega y Carpio
21 de julio de 2008
Cantata para Octavio Paz, de Oscar Wong
CANTATA PARA OCTAVIO PAZ
In memoriam
El umbral, un balbuceo.
La mordida feroz de la penumbra.
Y el Poeta, ígneo corazón fecundo,
torna a la ceniza, al denso laberinto del origen.
Gotea, cual badajo, la Palabra.
Crepita un rayo seco sobre el llano.
Cual sedienta higuera
Octavio Paz musita
en el telar perverso del vacío.
(Y la mirada, dócil
-musgo lastimado por la espina-
se doblega).
Ahora crece, fugitivo,
en la memoria fértil del verano
como cristal multiplicado que retumba
en el fulgor irrepetible del Poema.
Ciudad de México, abril 19 de 1998.
ÓSCAR WONG
Año nuevo
(por Rubén Darío)
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.
Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.
Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.
Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.
A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.
Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.
Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.
poemas varios de Eugenio Montejo
LA POESÍA
La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.
Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.
De su libro Terredad, "Provisorio epitafio":
No me despido en una piedra
ilegible a la sombra del musgo,
--voy a nacer en otra parte.
Es provisorio mi epitafio,
quedan líneas en blanco
que alguien podrá llenar más tarde;
son cifras de otra vida, no de muerte,
son una partida futura
de nacimiento
Ignoro adónde voy,
de qué planeta seré huésped,
a partir de cuál forma de materia
--carbón, sílex, titanio--
me explicaré después por aerolitos,
hablaré desde el agua.
No digo adiós en una piedra,
provisoriamente la dejo desnuda.
Lo que nadie imagina es lo más práctico
DURA MENOS UN HOMBRE QUE UNA VELA...
Dura menos un hombre que una vela
pero la tierra prefiere su lumbre
para seguir el paso de los astros.
Dura menos que un árbol,
que una piedra,
se anochece ante el viento más leve,
con un soplo se apaga.
Dura menos un pájaro,
que un pez fuera del agua,
casi no tiene tiempo de nacer,
da unas vueltas al sol y se borra
entre las sombras de las horas
hasta que sus huesos en el polvo
se mezclan con el viento,
y sin embargo, cuando parte
siempre deja la tierra más clara.
6 de julio de 2008
Unidad en ella, de Vicente Alexaindre
UNIDAD EN ELLA
Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.
5 de junio de 2008
Diez mandamientos de NIetzsche
Diez mandamientos para aquél que desee escribir con estilo
Friedritch Nietzsche
Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona
determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de
viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues,
inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá
de todos modos mucho más apagado que su modelo.
La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que
aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las
frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras,
y la sucesión de los argumentos.
Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la
respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo
una afectación.
El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los
piensa, sino que los siente.
Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es
hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en
aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que
la separa.
No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es
muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él
mismo la última palabra de nuestra sabiduría.
2 de junio de 2008
Borges y Rulfo
Rulfo: Maestro, soy yo, Rulfo. Que bueno que ya llegó. Usted sabe como lo estimamos y lo admiramos.
Borges: Finalmente, Rulfo. Ya no puedo ver a un país1, pero lo puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera dimensión de esta gran costumbre. Pero no me llame Borges y menos 'maestro', dígame Jorge Luis.
Rulfo: Que amable. Usted dígame entonces Juan.
Borges: Le voy a ser sincero. Me gusta más Juan que Jorge Luis, con sus cuatro letras tan breves y tan definitivas. La brevedad ha sido siempre una de mis predilecciones.
Rulfo: No, eso sí que no. Juan, cualquiera, pero Jorge Luis, sólo Borges.
Borges: Usted tan atento como siempre. Dígame, ¿cómo ha estado últimamente?
Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.
Borges: Entonces no le ha ido tan mal.
Rulfo: ¿Cómo así?
Borges: Imagínese, don Juan, lo desdichado que seríamos si fuéramos inmortales.
Rulfo: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.
Borges: Le voy a confesar un secreto. Mi abuelo, el general, decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto. Sospecho que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que usted escribió sobre los de Comala.
Rulfo: Así ya me puedo morir en serio.
(1) Borges ya estaba ciego.
20 de mayo de 2008
Entrevista a Victor Olguin
De Milenio
Saludos.
A cuento con los preguntones
Por Israel Morales
El autor que nació en San Luis y radica en la ciudad desde hace años nos platica de su experiencia de escribirle a los niños, y cómo es que le llegaron los premios.
A Víctor Olguín lo traemos a cuento por adentrarse en la infancia y dotar a los pequeños de historias, algunas de ellas recibieron el premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2006 de Campeche, lo que le valdría la publicación de Cuentos contenidos (Editorial Patria Cultural), aunque ya antes había hecho un libro editado de manera independiente: Si las arañas te picaran, ya con esa inquietud de fijar su trabajo en los pequeños.
En noviembre del 2006 también le llegó otro premio: el tercer lugar de Cuento Breve CRIPIL Nuevo León. “Invitados especiales” fue el título de ese cuento de 200 palabras, también con cierta ironía y juego, aunque más de niño grande.
Y ahora está involucrado en proyectos diversos, aunque siempre con la intención de seguir cultivando obras para niños, porque sabe, siempre dan frutos. Víctor Olguín se apodera de la mirada infantil y da pinceladas de los pequeñines.
Los niños son los niños, no hay vuelta de hoja ni secretos, y para captar sus niveles de asombro hay que ser niño en toda la extensión de la palabra, y además escucharlos, responder a sus preguntas, ya que no hay nada como un niño inquieto y sobre todo dispuesto a hojear los libros.
¿Cómo te sientes de haber tenido en poco tiempo dos premios importantes, uno de ellos dentro de la literatura infantil?
En un primer momento hay desconcierto. Llegas a pensar que todo lo que escribas va a ganar algo, que tienes que rescatar lo que escribiste antes porque es genial y que por fin el mundo se dio cuenta de que eres don Chinguetas. Ese momento es peligroso, algunos se quedan ahí y ya no bajan. En mi caso pesó más la conciencia que tengo de que apenas estoy empezando. Sé que me falta mucho por leer y por aprender. Mi escritura tiene que madurar en todos los sentidos.
El punto en común que tienen ambos premios es el humor, ¿cómo le das su sitio tanto en el cuento con el que ganaste el tercer lugar como en la obra que te mereció el Premio Juan de la Cabada?
El elemento lúdico es fundamental, sobre todo en la literatura infantil. No confío en algo que no me divierte al escribirlo (y luego al leerlo). He dicho que escribo por diversión y es que mi propia situación ha sido cómica. Me sobé el lomo trabajando muchos años, primero como empleado y luego empeñado en levantar un negocio en medio de las crisis y los fobaproa y todo ese circo que nunca termina. Hasta que, cansado, dije: “Voy a escribir; llevo quince años queriendo hacerlo y esperando a estabilizarme”. Así me acerqué a los talleres de la Casa de la Cultura y empecé. Mis primeros cuentos eran por cierto muy serios, casi moralizantes y los personajes eran rígidos, ceremoniosos. Poco a poco me he venido relajando no sólo en lo que escribo, sino yo mismo como persona. Mi vida cada vez es menos seria. Es como rejuvenecer a medida que envejeces. Por lo demás, es divertido escribir por gusto, como un acto de rebeldía social (y el negocio va bien).
¿De dónde viene el título de Cuentos contenidos?
El nombre de Cuentos contenidos es otra situación cómica. En las bases del concurso nacional no decía que el trabajo debía tener un título englobador. Lo que yo hice fue enlistar los cuentos en la portada con el encabezado “Cuentos contenidos”, igual que pude haber puesto “Índice”. Al darse a conocer los premios nacionales alguien asumió que ése era el título de la obra. Así se quedó y ése es el título del libro porque fue como se asentó en las actas. He pasado horas tratando de idear una fundamentación filosófica, profunda, para justificar ese nombre que a nadie se le hubiera ocurrido.
¿Y cómo se fue concibiendo hasta llegar a este volumen premiado?
Se trata de seis cuentos que nacieron en un taller organizado por el CRIPIL e impartido por Ana Luisa Anza a principios del 2006. Yo iba a lo mío, buscando el pretexto para escribir una colección de cuentos; y el pretexto fue cada ejercicio que Ana Luisa nos puso. El tallereo ahí me ayudó mucho, y se complementó con el del Taller del Barrio Antiguo, donde me reúno desde que éste se inició en el 2002. Fue un trabajo arduo y muy divertido, someter cada cuento a las críticas, discernir los comentarios, aplicarlos y ver crecer cada texto. Esa es una de las habilidades que reconozco en mí: saber recibir las críticas, elegir las que enriquecen el texto y traducirlas, integrarlas a la historia.
¿De dónde captas ese universo infantil, de dónde te viene para plasmar esa riqueza y perspicacias de los pequeños?
De la observación constante. He tenido el privilegio de convivir con niños durante los últimos veinte años de mi vida. Mis hermanas, principalmente, han sido excelentes proveedoras. Es un impulso espontáneo e inconsciente de convertirme en niño cada vez que tengo un niño enfrente. Me resulta completamente natural captar su mundo, entrar en él. Me fascina la simpleza con que ven la realidad, lo directo de su lenguaje y la genialidad de sus preguntas. Ahora lo veo incluso como una terapia (paidoterapia): convertirse en niño ante la menor oportunidad. El problema es que en el rol actual de vida, impuesto por el esquema posmoderno, los niños son cada vez menos niños, cada vez juegan menos, hacen poco deporte, su contacto con la naturaleza y con las actividades manuales se han reducido a lo mínimo; son cada vez menos activos, cuando la actividad, la energía, es algo connatural al ser niño. El típico niño actual se divierte en el sofá, come mucha basura y físicamente es torpe. Por eso es importante el papel de la lectura y el arte, sin dar por perdido el aspecto físico. Ahí tenemos una tarea interesante que reclama nuestra habilidad seductora, el elemento lúdico del que hablo.
Tus personajes: Filio, Molcas, entre otros, ¿cómo están delineados?
Filio que quiere decir hijo, entonces cualquier niño, cualquier hijo, viene de mi primer libro Si las arañas te picaran, que publiqué de manera independiente en el 2005. Ahí nace y es el personaje más constante en los cuentos que he escrito hasta ahora, luego está su hermana Ifigenia y por ahí se va perfilando Molcas, el hermanito que está por nacer. Filio significa hijo, es cualquier niño, cualquier hijo. No tiene un carácter personal, más bien encarna todas esas cualidades del niño: la frescura, la inocencia, la espontaneidad, la pregunta inesperada, la ocurrencia absurda, pero lógica.
¿Y de dónde te nació hacer un libro de manera independiente, como el que mencionas de Si las arañas te picaran?
En el 2005 me di cuenta de que ya tenía suficientes cuentos como para publicar un libro bajo el tema infantil. Puse a mis sobrinos a hacer las ilustraciones. Juan Manuel Carreño hizo el boceto; un amigo me ayudó con el diseño. Una ONG con la que colaboro consiguió la impresión con un tiraje de 450 ejemplares. Así fue como publiqué Si las arañas te picaran, mi primer libro. Las presentaciones fueron en la Biblioteca Central, con Dolores Hernández y Graciela España; en la Capilla Alfonsina, con Lety Damm, Zacarías Jiménez y Juan Manuel Carreño; y en El Blanqueo, con Margarito Cuéllar, Romualdo Gallegos y Guillermo Berrones.
Hay una dicotomía en tu obra infantil: la realidad de la anécdota viva y la ciencia ficción como las de “El gigantón glotón” o “El Libro mágico”. ¿Por qué esas dos temáticas en tu obra?
Yo no le llamaría dicotomía. Lo es para nuestro criterio de adultos; para el niño ambas temáticas aluden a su mundo. La ciencia ficción está vigente, basta echar un vistazo a las caricaturas de la televisión, o a superproducciones como El Hombre Araña. Bueno… en este caso, quizá sí marco una dicotomía al escribir, por ejemplo, Si las arañas te picaran, donde se plantea una situación real, la de un niño que, deseoso de ser el Hombre Araña, anda buscando que le pique una araña. Visto así, sí busco marcar una dicotomía, al escribir historias que desde la realidad cuestionen los falsos valores propuestos por algunos cuentos clásicos de ficción. Actualmente estoy reescribiendo la historia de Cenicienta, bajo esta perspectiva.
¿Y qué encontrará el lector en tus cuentos?
Lo que el lector encontrará en Cuentos contenidos son tres historias de ficción, con gigantes, duendes y monstruos; y tres historias donde los personajes (Filio e Ifigenia) viven situaciones de la vida cotidiana. Sin embargo, detrás de cada cuento, incluidos los de fantasía, hay siempre una referencia a la realidad. Así, El gigantón glotón trata de los peligros que acechan a los niños en la actualidad; La Luna de María plantea la relación de dos hermanos que viven “de la greña” y a la vez quieren llevarse bien; y El libro mágico revela los mundos fantásticos a los que se puede viajar a través de la lectura.
Con el El libro mágico se puede hablar incluso de uno de los derechos de los niños, que es el derecho a la lectura, el cual cumples tanto en tu obra literaria como en la vida diaria, con tus sobrinos, que como has mencionado, son personajes de tus libros y que, cuando se dieron cuenta, acudieron a la lectura no sólo de tus cuentos, sino de otros libros. ¿Cómo sientes esta parte importante del mundo infantil, el de la lectura?
Es fundamental que lo niños tengan la oportunidad de entusiasmarse por la lectura. El libro mágico trata de hacer eso, pero también plantea el derecho a no leer. Lo que yo he notado es que los niños heredan de sus padres o figuras de autoridad la modalidad de ese derecho. Si los padres leen, los niños lo aprenden como algo natural; pero si los padres no leen, es dificilísimo que los niños se vuelvan lectores, aunque se dan afortunadas excepciones. Las investigaciones dicen que la escuela no les ayuda mucho, porque los niños aprenden a leer mecánicamente, sin comprender. Eso a cualquiera lo fastidia inmediatamente. Entonces hay que promover también el hábito de la lectura en los padres, siquiera como un hábito funcional, por su repercusión en los niños.
Los personajes de tus libros son además preguntones, pero como todo pequeño a quien las dudas se resuelven o quedan en veremos, como se da en el mundo de los infantes, ¿qué me dices de esta línea narrativa?
El niño es preguntón por naturaleza, eso todos lo sabemos. La capacidad de asombro se traduce en preguntas. El cuestionamiento constante (las preguntas más que las respuestas) hace madurar nuestra conciencia. Los maestros y los padres de familia se encargan generalmente de quitarnos lo preguntón (y los medios de comunicación, al adormecernos). Esa es una pérdida terrible, pero es el diseño de la sociedad: un niño que pregunta, fastidia; un ciudadano que cuestiona, es una amenaza para el orden impuesto. La actitud de preguntar, de indagar y cuestionar, me parece esencial en un individuo libre, dueño de un criterio propio, por eso es un ingrediente constante en las historias que escribo.
¿Qué sigue para Víctor?
Parte de ese gusto por hacer lo que me gusta, es que trabajo a la vez en proyectos de distinto género. Estoy terminando un guión de cine en el que llevo ya dos años. Lo tallereo en un grupo que coordina Víctor Saca, con quien colaboré ya en un cortometraje y hay planes de participar en una producción de largo, en funciones de fotografía. Desde hace dos años tengo pendiente concluir una novela que inicié en un taller impartido por Élmer Mendoza y que desarrollé en el Taller del Bario Antiguo. Pero el compromiso con la literatura infantil es constante. Además de varios cuentos, hay en proceso una novela corta que representa una experiencia nueva, emocionante.
* Para qué sirve la tangente
A Lesly
─ ¡Papi! ¡Una omiga!
─ ¿Dónde?
─ ¡Míala! Allí va caminano.
─ Ah, de veras. Vente para acá.
─ ¿A óne va l’omiga papi?
─ Pues… ha de ir a su casa.
─ ¿A chu casha? ¿Óne vive?
─ Allá, en un agujero.
─ ¿Po qué vive a un agujello?
─ Porque las hormigas viven en un agujerito.
─ A velo, vamosh ¿Óne tá l’agujellito?
─ Allá en el jardín.
─ ¿En e jallín? ¿Y qué lleva callando?
─ Lleva una semilla.
─ ¿Y po qué no she cae chemilla?
─ Porque la hormiga es muy fuerte y la agarra bien.
─ ¿Po qué?
─ Ven, mejor vamos a ver las caricaturas.
─ ¿Y no cansha omiga?
─ No, no se cansa. Ya empezaron las caricaturas.
─ ¿Po qué lleva chemilla, papi?
─ Porque les lleva de comer a sus hormiguitas.
─ ¿Po qué?
─ Porque las hormiguitas comen semillas.
─ ¿Óne tán omiguitash?
─ Allá en su casa. En el agujerito.
─ ¿Allá no hay chemillash?
─ Sí, pero éstas les gustan más a las hormiguitas.
─ ¿Omiguitash tán bebitash?
─ Sí.
─ ¿Son lash hijitash?
─ Sí, las hormiguitas son sus hijitas.
─ ¿Y e papá?
─ El papá… está trabajando.
─ ¿Óne tabaca?
─ En un árbol.
─ ¿En un ábol? ¿Po qué?
─ Porque las hormigas son muy trabajadoras y se suben a los árboles.
─ ¿Cómo tabaca en ábol?
─ Cortando hojas.
─ ¿Ojash? ¿Y cómo cota ojash?
─ Con los dientes.
─ ¿Y po qué cota?
─ ¡Mira, el carro de las nieves! ¿Quieres una?
─ Shí. Quello de chocollate.
─ ¡Uuuff!
*Cuento de Víctor Olguín incluido en su primer libro Si las arañas te picaran.
Por sobre tu hombro, de Mourelle
Por sobre tu hombro
Encontrás. Una idea. O una palabra. Y se te va armando. En la cabeza.
El poema que siempre quisiste. Y decís: ahora sí. Y te sentás.
Entonces. A escribir. O no te sentás. Pero escribís. Primero en la
cabeza. Lugar donde todo se acomoda. Y das en la tecla. Contás con la
memoria. Manera del contar. La tuya. Una de las tuyas. No con los
dedos. Con la memoria. En la cabeza. Acomodando. Hasta que al final
escribís. Esta vez de verdad. Te lo decís varias veces. De verdad.
Escribís. Para que no queden dudas. Esta vez. Pero no hay coincidencia.
A pesar de todo. No la hay. Tanto esfuerzo. Tanto afilar la memoria.
Acomodar la idea. Y no hay coincidencia. Las palabras rechazan el
juego. La danza. No te quieren. Dicen que no sabés cómo llevarlas
adonde les corresponde. Y ahí están. Fuera de la memoria. Duras como
cascotes. Y las leés en voz alta. Viejo truco. Pero no alcanza. No les
alcanza. Tampoco a vos. Te das cuenta. Tu voz en el aire acomoda
también. Como la cabeza. Necesitás otra voz. Una que no tenga piedad.
Una que te quiera tanto que no necesite de la piedad para darte su
amor. La mesa te observa sin hablar. Y el poema no huele. No despega
del papel. De la madera. De la tinta. Está ahí. Chato. Ni siquiera te
mira. Tropieza sin moverse. Atado al anzuelo de aquella idea. Porque la
idea no alcanza. Una idea se muere. Las ideas se mezclan con el aire. Y
el poema sufre. Palabras que sobran. Palabras que no están. La palabra
justa mueve a risa. Pero no importa. Falta lo peor. Las palabras se
resisten a vos. El poema no se mueve. Ni siquiera respira. No te
respira. Y te devuelve una mueca. La tuya. Como una estrella incrustada
en la arena del cielo.
D.R.Mourelle
19 de mayo de 2008
hippie con corbata
3 de abril de 2008
Alejandra: poema mío...
Alejandra
Arde el altar; ha llegado una nueva:
la catedral el iluminado encontró
echa la vida y la muerte, pues confió
jugar en la mesa de la esperanza.
Ante la cálida cruz de su vientre,
nuestro Arquitecto las velas encendió:
dales amarres con sagrada intención
rosas y estrellas y espera paciente.
Ante la campana, palomas de paz
yacen en lo alto esperando el honor
con el que cruzan la bóveda alta:
cielo invadido por su amor, nada más.
Ya de esta alianza se escucha otro rumor:
arderá la llama eterna y santa.
Jair García-Guerrero
3 de marzo de 2008
Palindroma
A Ivonne
Amada sea. Yo halle bella hoy. A esa dama.
Yo sin amada dama ni soy.
Amarte solo se trama.
Amo la pareja, Ivonne, Ven. ¿No? Viajera paloma.
No se te ve teson.
Amor...amor es ser o maroma.
25 de febrero de 2008
Poema Con las alas al viento de Elaida Blazquez
Con las alas al viento
Con las alas del alma desplegadas al viento,
desentraño la esencia de mi propia existencia
sin desfallecimiento, y me digo que puedo
como en una constante
y me muero de miedo, pero sigo adelante...
Con las alas del alma desplegadas al viento,
porque aprecio la vida en su justa medida
al amor lo reinvento, y al vivir cada instante
y al gozar cada intento, sé que alcanzo lo grande,
con las alas del alma desplegadas al viento.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
más allá del asombro me levanto entre escombros
sin perder el aliento
y me voy de las sombras con algún filamento
y me subo a la alfombra con la magia de un cuento.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
atesoro lo humano cuando tiendo las manos
a favor del encuentro por la cosa más pura,
con la cual me alimento por mi pan de ternura,
con las alas del alma desplegadas al viento.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
ante cada noticia de estupor, de injusticia,
me desangro por dentro
y me duele la gente, su dolor, sus heridas,
porque así solamente interpreto la vida.
Con las alas del alma desplegadas al viento,
más allá de la historia, de las vidas sin gloria,
sin honor ni sustento
guardaré del que escribe su mejor pensamiento
quiero amar a quien vive con las alas del alma
desplegadas al viento, al viento, al viento...
Eladia Blazquez
Poema Amor constante más allá de la muerte
FRANCISCO DE QUEVEDO (1580-1645)
(TeamoAle =) )
22 de febrero de 2008
Poema de Lorena Tristán
lo limpia y guarda en su morral
huye para protegerlo del sol, del viento
cubre el corazón -hombre-
le transmite su calor.
El hombre -corazón-
se ilumina
palpita, se reconstruye
jura latidos de eternidad cual serpiente en el paraíso;
se alimenta de lágrimas de mujer
moldea con palabras-látigo y suelas de zapatos
el rostro y cuerpo de su amada
antifaz de tristeza verde mora
paredes sumergidas en sollozos gritos
-silencio-
las almas se desprenden de los cuerpos y flotan
reencuentro en tierras de duendes y hadas
se persiguen en círculo.
Un buen día
de nubes de algodón
ella escucha una vocecita entre la espesura del bosque
no ser la niña temerosa de la bruja negra
intuye que la voz es suya
mira el reflejo en charcos y cascadas
su órganos petrificados aúllan por su alma.
Retumban
los latidos de su corazón multicolor
piel y poros atentos
envuelve su alma con el cuerpo
se levanta del estanque de lágrimas
aleja al hombre-hombres de grises corazones
y anda sus propios pasos
al cobijo de la tierra y las nubes.
hacia la orilla de la montaña.