18 de agosto de 2010

Poema Gongorino

Dejadme llorar
Luis de Gongora

La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.

Dejadme llorar
Orillas del mar.

2 de julio de 2010

Deseos - Salvador Díaz Mirón

DESEOS
Salvador Diaz Mirón

Yo quisiera salvar esa distancia
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
yo quisiera en el cielo de tus brazos
beber la gloria que en los labios tienes.

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
¡a un mismo tiempo por doquier besarte!

Yo quisiera ser lino y en tu lecho,
allá en la sombra, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
¡y morir de placer al comprimirte!

¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevarte en mí como la nube al fuego,
mas no como la nube en su carrera
para estallar y separarse luego!

Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
¡convertirte en perfume y aspirarte!

¡Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos!

¡Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verte sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter del azul de tu alma!

Aspirarte, mujer... De ti llamarme,
y en ciego, y sordo, y mudo constituirme,
y en ciego, y sordo, y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte
¡y a la dicha suprema de adorarte!

Decálogo sobre la escritura - David Nahum Aguilar

Decálogo sobre escritura

(David Nahum Aguilar)

1. Establece con tu texto la dinámica del amo y del esclavo, donde el uno domina al otro según la naturaleza de la situación.

2. Sé como el ganadero que cría con amor un animal para luego llevarlo al matadero. Es decir: escribe con pasión y revisa con frialdad y desapego.

3. Escribe siempre. Aunque no tengas nada qué decir, pues muchas veces el sentido se construye con la escritura.

4. Escribe desde lo que eres y desde lo que no eres: escribe sobre lo que conoces o imagines, aún sobre aquello que conozcas mediante la escritura.

5. Sé sincero aún a través de la mentira, la ironía y la imaginación.

6. Sé consciente que cada texto tiene su propia metodología, sus propias reglas. Así no te preocuparás por haber hecho algo incorrecto.

7. No utilices los puntos 1 y 6 como excusa para justificar tu negligencia, pereza y errores.

8. Lee con pasión y criterio. Lee en todo momento, aunque no tengas un libro enfrente. Lee como escritor.

9. Escribe para amar, no para que te amen.

10. No desistas hasta lograr la página perfecta. Es decir, el texto íntegro.


Nota del autor: Si tuviera que escoger un único mandamiento escogería el primero.

Cantares - Estanislao del Campo

Cuando yo tomo la pluma
Y saco a luz mi cuaderno,
Hagan de cuenta que agarro
Mi guitarra por el cuello.

Para ver si soy poeta
Fíjate, niña, tan solo
En que lloro cuando canto
Y que canto cuando lloro.

Yo mojo en llanto mi pluma;
¡Sarcasmo de hado funesto
Que siendo mi alma tan blanca
Me ha de servir de tintero!

En tu casa me aborrecen
Sin más que porque te quiero:
Es decir que si te odiara
Me querrían con extremo.

Dicen que soy horroroso:
Por la lisonja, mil gracias:
Mirá tú mi corazón
Y prescinde de mi cara.

La cicatrices del rostro
Poco me importan, o nada;
las que me importan, y mucho,
Son las que tengo en el alma.

Se me figuran que son
Tus lindos ojos, morena,
Dos legunas de azabache
En que la luna rïela.

¿Qué tienen, niña, tus labios,
Que cada vez que los miro
Siento, con sorpresa grande,
Que se me estiran los míos?

Mira: si fuera pastor
Y si tú, pastora fueras,
Me parece que andarían
Mezcladas nuestras ovejas.

Cuando te veo cavilo
En el contraste tremendo
Que hace tu vestido blanco
Con tu corazón tan negro.

Es tu ventana un altar,
Una deidad tu persona,
Mi amor un ardiente culto,
¿Podré contar con La Gloria?

Me enviaste un día una cruz
Y desde entonces me digo: ---
¿Significa esto Fe
O querrá decir Martirio?

Ella vino en un pañuelo
De Cambray de hilo bordado;
¡Ay, Lucila! ¡Cuántas veces
Enjuagué con el mi llanto!

23 de junio de 2010

Ensayo sobre "Bajo tu clara sombra" (poema de Paz), por Gonzalo Valdivia Davila

Octavio Paz (1914-1988) poeta mexicano surrealista, importante por conceptualizar la otredad, el encuentro con el otro amigo, amada, eros, tuvo poemas hormonales como Neruda, pero de mayor hondura poética.

El poema Bajo tu clara sombra (1935) recogido en el libro de Paz, Libertad bajo palabra (1935-1958) es un poema muy elaborado sobre el amor y la significancia de la amante en tanto otro, complemento o mitad del yo poético, surgen elucubraciones sobre la contemplación y posesión de la amada en sintagmas de palabras que forman oxymoron o la característica contraria al sustantivo adjetivado, así este poema tendrá “agua oscura”, “lluvia oscura”, cuando la oscuridad no es propia del aspecto físico del agua, sino una alusión al misterio de la vitalidad de la relación del yo poético con la amante a partir de los elementos naturales.

Paz estuvo muy influenciado por el mandala o proceso hindú de autoconocimiento, también por la sexualidad sagrada del Kamasutra, por la constitución del hombre según los elementos básicos combinatorios: aire, fuego, tierra, éter, presentes en este poema, donde el amor erótico cambia de intensidad o de dirección según el predominio de cada elemento aludido. Paz realiza una exploración del cuerpo de la amante y de su propio cuerpo en este poema cargado de erotismo. Para Paz el amor es posible alcanzando al otro, a la otra mitad, Paz erotiza los mitos orientales, los asume pero marca su distancia, a él solo le interesa el aspecto humano de los mitos, para Paz la otra orilla que hay cruzar es la pareja amorosa, el encuentro con ella completa el proceso de auto conocimiento. El yo no se realiza sin el tu en su poesía.


Tú es la otra: Paz recorre el cuerpo de la amante asignándole la característica de algún elemento natural, en la primera estrofa el yo es aprendiz de lucero, ella posee más fuego, más luminosidad, la sombra es el afán por seguirla, la conciencia de su falta para sentirse completo y realizado. En las estrofas dos, tres y cuatro, la amante será ella, dirigiéndose a un auditorio al que dice “Tengo que hablaros de ella”, siempre ella es fuente de claridad, “puebla de mármoles la noche”, el blanco irrumpe sobre el negro, es la luz que busca el yo poético como conocimiento de la sexualidad por su realización. La otra es vital “se enciende su sangre cada noche”, el fuego representa la energía que busca el yo poético para su disfrute, el eros de este yo esta desbordado y busca aprovechar el desborde de la otra para su gozo. La otra tiene atributos de las mareas en su latir, pues acompasa el ritmo de la relación, esto lo intuimos porque el yo poético es el aprendiz, es el que está asimilando la experiencia de la otra, el que está aprehendiendo a la otra, a su realidad en cada coito y a su evocación en el poema. La otra tiene savia, ramas, frescura, la identificación con las plantas alude a la fertilidad del eros, es un impulso amatorio que se reproduce constantemente, que no cesa y que se sostiene cada vez que se junta la pareja. Paz como poeta hormonal quiere aludir a su propio sexo, enuncia su sexo pero subordinado al manejo de la otra, ella lo hace reaccionar, lo sacude con ímpetu “mi sexo en esa brusca sacudida”, el yo poético tiene necesidad de enunciar y de avisar al lector de su existencia, existe en cuanto goza y se realiza en el eros, se completa con el tú de la otra. El sexo es metonimia del ser del yo enunciador, que afirma su sexualidad, que sienta las bases de su experiencia vital, ella existe y lo hace existir, la evocación tiene conocimiento de causa. Sus otras partes como su boca también están subordinadas a la acción de ella “mira mi boca en esa lluvia oscura”, la oscuridad es el misterio de la necesidad de buscar esa relación, ella llueve sobre él su conocimiento del eros y su vitalidad, luego de avisar su presencia vuelve a la descripción de ella en metáforas con la naturaleza, “mira tus piernas como dos arroyos, mira tu cuerpo como un largo río, son dos islas gemelas tus dos pechos, en la noche tu sexo es una estrella”, el eros de la amada fluye en la voz poética, lo impregna, la posee pero ella también lo posee, la geografía femenina es de ríos, islas, por lo sólido, lo firme, hay una preocupación por la belleza, la firmeza de la forma, para justificar toda la dedicación del yo al tú que es ella. La estrella indica el relieve cósmico del sexo para Paz, en la sombra de la noche el sexo le da claridad, es como si se reafirmara por indicaciones de la vitalidad y vigor de ambos amantes, ellos son en tanto actualizan su eros, están completos en cuanto desbordan su eros.

Trascendencia del eros: Este Paz es un recreador del sexo como valor primordial y positivo en su poesía, el se anuncia en el poema en tanto se siente vital, resistente y aleccionado para la tarea del sexo, la forma de describirlo es evocando y describiendo el encuentro, haciendo presente por momentos, le importa el sexo por los vestigios que deja en su yo, por la materialización de la amante en cada relación satisfactoria de un vehemente yo poético en capacidad de desplegar todos sus esfuerzos para culminar su anhelo erótico en la presencia de la otra amante y amada, de la que habla más que él, pues el está subordinado a la experiencia vital que de la cual su amante es agente imprescindible.

Conclusión: Paz pasa por una etapa erótica de juventud como Neruda, necesita ser un poeta de toda acción humana, revalora el acercamiento al otro en el amor como fuente de conocimiento que brinda la sensación de satisfacción y complementación del yo. Paz quiere salir de la soledad aprehendiendo y poseyendo a la amante en su poesía. El despliegue de fuerza de esta relación es necesaria por la representación y recreación de la importancia de la amante que subordina en su acción al yo poético. El eros tiene un tratamiento mítico por el uso de los elementos combinatorios de la naturaleza que van a resumir la pasión desbordada como fuego y la vitalidad y continuidad de la relación como agua, por la fluidez en que interactúan ambos, yo y otra.

13 de junio de 2010

Centímetro a centímetro, de Rubén Bonifaz Nuño

Centímetro a centímetro

-Piel, cabello, ternura, olor, palabras-
mi amor te va tocando.
Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.

Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de "usted", para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.

Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.

Es como si dijeras:
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.

9 de mayo de 2010

Cosas, de Gabriela Mistral

Cosas


1

Amo las cosas que nunca tuve
con las otras que ya no tengo.

Yo toco un agua silenciosa,
parada en pastos friolentos,
que sin un viento tiritaba
en el huerto que era mi huerto.

La miro como la miraba;
me da un extraño pensamieto,
y juego, lenta, con esa agua
como con pez o con misterio.

2

Pienso en umbral donde dejé
pasos alegres que ya no llevo,
y en el umbral veo una llaga
llena de musgo y de silencio.

3

Me busco un verso que he perdido,
que a los siete años me dijeron.
Fue una mujer haciendo el pan
y yo su santa boca veo.

4

Viene un aroma roto en ráfagas;
soy muy dichosa si lo siento;
de tan delgado no es aroma,
siendo el olor de los almendros.

Me vuelve niños los sentidos;
le busco un nombre y no lo acierto,
y huelo el aire y los lugares
buscando almendros que no encuentro...

5

Un río suena siempre cerca.
Ha cuarenta años que lo siento.
Es canturía de mi sangre
o bien un ritmo que me dieron.

O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños, nos tenemos.

6

Cuando sueño la Cordillera,
camino por desfiladeros,
y voy oyéndoles, sin tregua,
un silbo casi juramento.

7

Veo al remate del Pacífico
amoratado mi archipiélago
y de una isla me ha quedado
un olor acre de alción muerto...

8

Un dorso, un dorso grave y dulce,
remata el sueño que yo sueño.
Es el final de mi camino
y me descanso cuando llego.

Es tronco muerto o es mi padre
el vago dorso ceniciento.
Yo no pregunto, no lo turbo.
Me tiendo junto, callo y duermo.

9

Amo una piedra de Oaxaca
o Guatemala, a que me acerco,
roja y fija como mi cara
y cuya grieta da un aliento.

Al dormirme queda desnuda;
no sé por qué yo la volteo.
Y tal vez nunca la he tenido
y es mi sepulcro lo que veo...

11 de febrero de 2010

El torbellino, de Amado Nervo

El torbellino

«Espíritu que naufraga
en medio de un torbellino,
porque manda mi destino
que lo que no quiero haga;

«frente al empuje brutal
de mi terrible pasión,
le pregunto a mi razón
dónde están el bien y el mal;

«quién se equivoca, quién yerra;
la conciencia, que me grita:
¡Resiste!, llena de cuita,
o el titán que me echa en tierra.

«Si no es mío el movimiento
gigante que me ha vencido,
¿por qué, después de caído,
me acosa el remordimiento?

«La peña que fue de cuajo
arrancada y que se abisma,
no se pregunta a sí misma
por qué cayó tan abajo;

«mientras que yo, ¡miserable!,
si combato, soy vencido,
y si caigo, ya caído
aún me encuentro culpable,

«¡y en el fondo de mi mal,
ni el triste consuelo siento
de que mi derrumbamiento
fue necesario y fatal!»

Así, lleno de ansiedad
un hermano me decía,
y yo le oí con piedad,
pensando en la vanidad
de toda filosofía...

y clamé, después de oír
«Oh mi sabio no saber,
mi elocuente no argüir,
mi regalado sufrir,
mi ganancioso perder!»

22 de diciembre de 2009

Decálogo del médico mediocre

por Jair García-Guerrero

1. No estudies más: limítate a los sagrados conocimientos que te enseñaron en la Facultad; los cursos de actualización son para gente sin qué hacer o para ir al viboreo.
2. Interroga los síntomas con sus nombres científicos: no te molestes en ponerte en los zapatos de tus pacientes, muy su problema si no te entienden.
3. No planees la entrevista ni la exploración: cuestiona las cosas al azar, sin orden ni importancia, y explora como quieras, al fin y al cabo los datos ahí están. Puedes ir directo sobre la auscultación, para que los enfermos descubran que conoces el origen preciso de sus dolencias.
4. No expliques: no se te ocurra intentar explicar la causa de la enfermedad, no la entenderán, además: a ellos sólo les interesa su tratamiento.
5. Escribe con mala letra y ortografía: los farmacéuticos son expertos en tus garabatos y jamás se equivocan; además, conocen bien el efecto de todas las medicinas.
6. No escribas la sustancia activa de los medicamentos: los pacientes deben comprar la fórmula que tú les indicas, y es su problema encontrarla o conseguirla.
7. No consultes el vademécum: no investigues, ni compruebes las formulaciones, dosis o interacciones; confía en tu privilegiada memoria.
8. No atiendas a los pacientes sin cita: ellos saben bien que no pueden acudir al servicio médico sin previa cita, y que tú tienes una vida muy ocupada e importante.
9. Regala tu trabajo: la medicina es un apostolado y los pacientes nunca pueden pagarte.
10. No trates con los representantes: a ellos sólo les interesa que recetes su marca y jamás le ayudarán a tus pacientes ni te servirán como actualización.

Nota: si después de seguir al pie de la letra este decálogo no consigues ser un médico mediocre, puedes considerar consultar sin bata y en bermudas. También puedes considerar buscar empleo en los Servicios de Salud de Estados Unidos: ahí sólo te contratan si lo eres.


Diciembre de 2009

"El Hombre Imaginario"

por Nicanor Parra

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

24 de noviembre de 2009

La palabra es arquetipo de la cosa

Mi amada Mercedes me compartió el siguiente fragmento (una de las cosas por las que la amo es ésta: me ofrece bocadillos literarios exóticos que acarician mi estómago literario... sin albur):


Buenas palabras, malas palabras (fragmento)
por Ana María Machado

"Por definición, literatura es el arte de las palabras. Pero pocos géneros literarios tienen lectores tan conscientes del poder mágico que poseen las palabras como la literatura infantil y juvenil. Salvo en ese género, muy raro es el lector capaz de acreditar que un conjunto de palabras tiene poderes para mover parte de una montaña, transformar una piedra en una puerta y revelar tesoros incalculables en su interior —como ocurre con el "Ábrete, Sésamo", en el cuento de Alí Babá y los cuarenta ladrones—. O acreditar que otra expresión pueda hacer que una olla empiece, solita, a cocinar delicias sin fuego debajo ni comida por dentro y, a pesar de eso, al fin pueda matar el hambre de multitudes e, incluso, inundar de comida todo un pueblo si alguien no logra decir las palabras exactas que hagan cesar el fenómeno.
(…)
Después de pasado el episodio, trabajé el texto de manera más literaria. Me encantó el juego de jamás escribir una sola mala palabra y, sin embargo, lograr que los lectores las leyeran, en un acto literario mágico, llamados a crear, a ver lo que no está. Fue divertido hacer esa experiencia. Y resultó en un cuento liberador y subversivo, como me parece que debe ser la literatura. Porque, en realidad, toda palabra en un contexto literario puede ser mágica, romper cadenas, hacer volar. Y no hay ninguna razón para que, en cuentos para niños, uno olvide ese poder del lenguaje."

Ana María Machado, la del apellido de Antonio, me recordó a mi maestro Carlos Arredondo, quien nos explicó sobre la imposibilidad que la palabras sean malas, buenas, bajas, altas, blancas, rojas, tecnológicas, modernas... Esta reflexión la he compartido en clase algunas veces.

¿Cuál es mi palabra favorita? Por supuesto que Carlos. También Jair es mi palabra favorita. La palabra Mercedes es otra de mis preferidas, pero aquí llegamos al Crátilo: la palabra es arquetipo de la cosa.

22 de noviembre de 2009

Nueva fase

Escúchame bien: antihipertensivo. Esta es una de las funciones que debe tener un blog. Ante la insistente promoción de la literatura como un abordaje terapéutico, y ahora por una idea que Mercedes me dio, he considerado darle una nueva fase a mi blog. Seguramente algunos han visitado mis "cyber apuntes" con la intención de seguir la lectura sugerida del facebook. En estos apuntes cibernéticos, que hoy sólo considero como archivos, he archivado poemillas o fragmentos cortos de tejidos interesantes, con toda la intención de compartirlos. Los cyber apuntes sirvieron de carpeta para guardar hallazgos literarios, poemas compartidos, fragmentos de diálogos, minicuentos... pero casi ninguno mío.

Ahora deseo que ésta libreta virtual reciba mis insípidos ejercicios con la mano (sin albur): escribiré y escribiré (es amenaza), con la intención de entretener, soltar la pluma, aflojar los dedos, cooperar con la Web 2.0 en la construcción de un mundo virtual, donde la gente usa sus blogs como diarios, a la vista de cualquier merodeador... ¿Resultará? ¿Esta empresa tecnológica encontrará lectores fieles? Pos la neta no lo sé, sólo sé que este es un blog de tantos más...

Antihipertensiva la terapia de escribir. Ahora escribiré para disminuir la tensión social.

(Cerré la computadora y reparé en que mi cervicalalgia ya no era tan aguda. Al parecer, esto de sacarle provecho al blog me relajó. Salí al jardín a echarme un cigarro y un gasesillo que casi no sonó, pero alguien aplaudió. Luego descubrí que no era aplauso: mató un zancudo).

3 de noviembre de 2009

Canonización, de Ramón López Velarde

Primer amor, tú vences la distancia.
Fuensanta, tu recuerdo me es propicio.
Me deleita de lejos la fragancia
que de noche se exhala de tus tiestos,
y en pago de tan grande beneficio
te canonizo en estos
endecasílabos sentimentales.

A tu virtud mi devoción es tanta
que te miro en el altar, como la santa
Patrona que veneran tus zagales,
y así es como mis versos se han tornado
endecasílabos pontificales.

Como risueña advocación te he dado
la que ha de subyugar los corazones:
permíteme rezarte, novia ausente,
Nuestra Señora de las Ilusiones.

¡Quién le otorgara al corazón doliente
cristalizar el infantil anhelo,
que en su fuego romántico me abrasa,
de venerarte en diáfano capelo
en un rincón de la nativa casa!

Tanto se contagió mi vida toda
del grave encanto de tus ojos místicos,
que en vano espero para nuestra boda
alguna de las horas de pureza
en que se confortó mi gran tristeza
con los primeros panes eucarísticos.

31 de octubre de 2009

El granjo, de Alberto Blanco

El grajo

Un grajo entre las nubes salta
como una mancha de tinta en un cuaderno,
como un pozo sin fondo y sin cubeta
donde el agua se queja mientras grazna.

Sus plumas son carbón para aquel horno
que de las pesadillas se alimenta
y sus ojos un círculo de lumbre
que deja las promesas sin cumplir.

Las alas tenebrosamente abiertas son
la oscuridad del día en la cabeza
y las garras de hierro al rojo vivo
ardientes relámpagos de media noche.

Es la cola del grajo en la tormenta
el triste timón de los desastres
y sus patas invictas escaleras
por donde sube el humo de los siglos.

El pico -por último- es un usurero
clavado en las necesidades de la sombra
con la cresta como una bravata
coronando el negrísimo atavío.

Como un sufrimiento sin alivio
donde la noche inclina la balanza
el grajo es en la oscuridad
un espejo con alas de obsidiana.

29 de octubre de 2009

José Luis Piquero - Nosotros no dormimos

Nosotros no dormimos. Hay un gesto
de araña en cada sombra amenazante
y el silencio se llena de presagios.

No dormimos. Quemamos
las horas como extraños cigarrillos.
Sabemos que ahí afuera la vida es deseable,
las chicas huelen bien,
y nada de eso es nuestro.

No podemos dormir, no hemos dormido nunca.
A veces alguien mira, de perfil, preguntándose
con dolor qué esperamos
desde hace tanto tiempo. Las arañas,
las arañas. No hemos dormido nunca.

Y pasamos los días con los ojos abiertos
como esos tragaluces que miran desde un sótano.
Ya nos duelen los párpados
y alguien dice palabras,
el mundo está bien hecho, simplemente
nuestra vida es así.

Ojalá nos muriésemos como quien no ha vivido,
que un soplo nos borrase la arena de los labios,
sin huellas y sin humo, apagando la luz.

Ah, si por fin durmiéramos, no puedo imaginarlo.
Tus labios cantarían una canción de cuna.
Más también las arañas... Hay un gesto
de mosca en cada sombra. Oh, Señor de las Moscas,
la vida es un infierno.

Nosotros no dormimos, igual que las arañas,
cristales y arenilla bajo la nuca insomne.

Ellas tejen sus redes.

3 de octubre de 2009

La muerte es la vida, de Gabriel Álvarez Toledo

(In memoriam CH)


Esto que vive en mí, por quien yo vivo,
es la mente inmortal de Dios, criada
para que, en su principio transformada,
anhele al fin de quien el ser recibo.

Mas del cuerpo mortal al peso esquivo,
el alma en un letargo sepultada,
es mi ser en esfera limitada,
de vil materia mísero cautivo.

En decreto infalible prescribe
que al golpe justo que su lazo hiere,
de la cadena terrenal me prive.

Luego con fácil conclusión se infiere
que muere el alma cuando el hombre vive,
que vive el alma cuando el hombre muere.

1 de octubre de 2009

ahora de Rubén Darío: El pájaro azul

El Pájaro Azul

Por Rubén Darío




París es teatro divertido y terrible. Entre los concurrentes al café Plombier, buenos y decididos muchachos - pintores, escultores, poetas - sí, ¡todos buscando el viejo laurel verde! ninguno más querido que aquel pobre Garcín, triste casi siempre, buen bebedor de ajenjo, soñador que nunca se emborrachaba, y, como bohemio intachable, bravo improvisador.
En el cuartucho destartalado de nuestras alegres reuniones, guardaba el yeso de las paredes, entre los esbozos y rasgos de futuros Clays, versos, estrofas enteras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado pájaro azul.
El pájaro azul era el pobre Garcín. ¿No sabéis por qué se llamada así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.
Ello no fue un simple capricho. Aquel excelente muchacho tenía el vino triste. Cuando le preguntábamos por qué cuando todos reíamos como insensatos o como chicuelos, él arrugaba el ceño y miraba fijamente el cielo raso, nos respondía sonriendo con cierta amargura...
-Camaradas: habéis de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por consiguiente...

* * *

Sucedía también que gustaba de ir a las campiñas nuevas, al entrar la primavera. El aire del bosque hacía bien a sus pulmones, según nos decía el poeta.
De sus excursiones solía traer ramos de violetas y gruesos cuadernillos de madrigales, escritos al ruido de las hojas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las violetas eran para Nini, su vecina, una muchacha fresca y rosada que tenía los ojos muy azules.
Los versos eran para nosotros. Nosotros los leíamos y los aplaudíamos. Todos teníamos una alabanza para Garcín. Era un ingenuo que debía brillar. El tiempo vendría. Oh, el pájaro azul volaría muy alto. ¡Bravo! ¡bien! ¡Eh, mozo, más ajenjo!

* * *

Principios de Garcín:
De las flores, las lindas campánulas.
Entre las piedras preciosas, el zafiro. De las inmensidades, el cielo y el amor: es decir, las pupilas de Nini.
Y repetía el poeta: Creo que siempre es preferible la neurosis a la imbecilidad.

* * *

A veces Garcín estaba más triste que de costumbre.
Andaba por los bulevares; veía pasar indiferente los lujosos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonreía; pero cuando pasaba cerca de un almacén de libros, se llegaba a las vidrieras, husmeaba, y al ver las lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente; para desahogarse volvía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros, conmovido, exaltado, casi llorando, pedía un vaso de ajenjo y nos decía:
-Sí, dentro de la jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul que quiere su libertad...

* * *

Hubo algunos que llegaron a creer en un descalabro de razón.
Un alienista a quien se le dio noticias de lo que pasaba, calificó el caso como una monomanía especial. Sus estudios patológicos no dejaban lugar a duda.
Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco.
Un día recibió de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos, una carta que decía lo siguiente, poco más o menos:
"Sé tus locuras en París. Mientras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo sou. Ven a llevar los libros de mi almacén, y cuando hayas quemado, gandul, tus manuscritos de tonterías tendrás mi dinero."
Esta carta se leyó en el Café Plombier.
-¿Y te irás?
-¿No te irás?
-¿Aceptas?
-¿Desdeñas?
¡Bravo Garcín! Rompió la carta y soltando el trapo a la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan, si mal no recuerdo:

¡Sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!

* * *

Desde entonces Garcín cambió de carácter. Se volvió charlador, se dio un baño de alegría, compró levita nueva, y comenzó un poema en tercetos titulados, pues es claro: El pájaro azul.
Cada noche se leía en nuestra tertulia algo nuevo de la obra. Aquello era excelente, sublime, disparatado.
Allí había un cielo muy hermoso, una campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre flores; los ojos de Nini húmedos y grandes; y por añadidura, el buen Dios que envía volando, volando, sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber cómo ni cuando anida dentro del cerebro del poeta, en donde queda aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres y rosados. Cuando el pájaro quiere volar abre las alas y se da contra las paredes del cráneo, se alzan los ojos al cielo, se arruga la frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando además, por remate, un cigarrillo de papel.
He ahí el poema.
Una noche llegó Garcín riendo mucho y, sin embargo, muy triste.

* * *

La bella vecina había sido conducida al cementerio.
-¡Una noticia! ¡una noticia! Canto último de mi poema. Nini ha muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de violetas para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores no se dignan siquiera leer mis versos. Vosotros muy pronto tendréis que dispersaros. Ley del tiempo. El epílogo debe titularse así: "De cómo el pájaro azul alza el vuelo al cielo azul".

* * *

¡Plena primavera! Los árboles florecidos, las nubes rosadas en el alba y pálidas por la tarde; el aire suave que mueve las hojas y hace aletear las cintas de los sombreros de paja con especial ruido! Garcín no ha ido al campo.
Hele ahí, viene con traje nuevo, a nuestro amado Café Plombier, pálido, con una sonrisa triste.
-!Amigos míos, un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte; decidme adiós con todo el corazón, con toda el alma... El pájaro azul vuela.
Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos apretó las manos con todas sus fuerzas y se fue.
Todos dijimos: Garcín, el hijo pródigo, busca a su padre, el viejo normando. Musas, adiós; adiós, gracias. ¡Nuestro poeta se decide a medir trapos! ¡Eh! ¡Una copa por Garcín!
Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente, todos los parroquianos del Café Plombier que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallábamos en la habitación de Garcín. Él estaba en su lecho, sobre las sábanas ensangrentadas, con el cráneo roto de un balazo. Sobre la almohada había fragmentos de masa cerebral. ¡Qué horrible!
Cuando, repuestos de la primera impresión, pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso poema. En la última página había escritas estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejó abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.

* * *

¡Ay, Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu misma enfermedad!

30 de septiembre de 2009

Pájaro azul, de Charles Bukowski

Pájaro azul


hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

25 de septiembre de 2009

Amo las cosas, de Gabriela Mistral

1

Amo las cosas que nunca tuve
con las otras que ya no tengo.

Yo toco un agua silenciosa,
parada en pastos friolentos,
que sin un viento tiritaba
en el huerto que era mi huerto.

La miro como la miraba;
me da un extraño pensamieto,
y juego, lenta, con esa agua
como con pez o con misterio.

2

Pienso en umbral donde dejé
pasos alegres que ya no llevo,
y en el umbral veo una llaga
llena de musgo y de silencio.

3

Me busco un verso que he perdido,
que a los siete años me dijeron.
Fue una mujer haciendo el pan
y yo su santa boca veo.

4

Viene un aroma roto en ráfagas;
soy muy dichosa si lo siento;
de tan delgado no es aroma,
siendo el olor de los almendros.

Me vuelve niños los sentidos;
le busco un nombre y no lo acierto,
y huelo el aire y los lugares
buscando almendros que no encuentro...

5

Un río suena siempre cerca.
Ha cuarenta años que lo siento.
Es canturía de mi sangre
o bien un ritmo que me dieron.

O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños, nos tenemos.

6

Cuando sueño la Cordillera,
camino por desfiladeros,
y voy oyéndoles, sin tregua,
un silbo casi juramento.

7

Veo al remate del Pacífico
amoratado mi archipiélago
y de una isla me ha quedado
un olor acre de alción muerto...

8

Un dorso, un dorso grave y dulce,
remata el sueño que yo sueño.
Es el final de mi camino
y me descanso cuando llego.

Es tronco muerto o es mi padre
el vago dorso ceniciento.
Yo no pregunto, no lo turbo.
Me tiendo junto, callo y duermo.

9

Amo una piedra de Oaxaca
o Guatemala, a que me acerco,
roja y fija como mi cara
y cuya grieta da un aliento.

Al dormirme queda desnuda;
no sé por qué yo la volteo.
Y tal vez nunca la he tenido
y es mi sepulcro lo que veo...